Francisco de Paula Canalejas Casas
 
1834-1883
Francisco de Paula Canalejas Casas (1834-1883), por E. P. Valluerca, Ateneo de Madrid

Catedrático español de literatura y de historia de la filosofía, nacido en Lucena (Córdoba) el 2 de abril de 1834 y fallecido el 4 de mayo de 1883. Hijo de José Canalejas (de Madrid) y de Ana Casas (de La Pedra, Lérida), hermano menor del ingeniero José Canalejas Casas (1827-1902), tío (carnal) de José Canalejas Méndez (1854-1912), tío (político) de Mario Méndez Bejarano (1857-1931) y cuñado de su amigo de juventud Miguel Morayta Sagrario (1834-1917), al casarse con Rafaela Morayta Sagrario, matrimonio del que nacieron Ana Canalejas Morayta –Campoamor dedicaría un poema a Anita Canalejas Morayta–, Leonor y Blanca Canalejas Morayta.

Desde muy pequeño pasó a vivir en Madrid, estudiando el bachillerato en el Instituto de San Isidro, y luego filosofía y derecho en la Universidad Central. Muy amigo y compañero de Emilio Castelar (1932) y de Miguel Morayta Sagrario, los tres fundaron en 1851 El Eco Universitario. Con Castelar, también en plena juventud, escribió Don Alfonso el Sabio, rey de Castilla, novela histórica (Edición Popular, Madrid 1853, 407 págs.). En 1855 formó parte del grupo (con Manuel Gómez Marín, Miguel Morayta Sagrario y otros jóvenes) que, dirigido por Francisco Pí y Margall, publicó la revista política y literaria titulada La Razón (que dejó de aparecer con el golpe de Estado de 1856, aunque luego volvió a publicarse y fue antecedente de la Revista ibérica). En 1856 se licenció en Filosofía y al año siguiente en Jurisprudencia.

El 1º de octubre de 1856 es la persona más joven de entre las cincuenta y tres que Gumersindo Laverde cita, en su famoso artículo programático aparecido en El Diario español, como fundamento humano material sobre el que replantear la situación «De la Filosofía en España».

«Periódico de literatura. Ha aparecido El Cubano, revista quincenal de ciencias, literatura, industria y comercio, bajo la dirección de don Manuel Gómez Marín. El primer número contiene: Revista quincenal por M. G. M. –De las comunicaciones ultramarinas, por don José Canalejas y Casas. –De la importancia de la ciencia económica, por M. G. M. –Sección de noticias. –Sección literaria. –Poesías de Plácido, por don Miguel Morayta de Sagrario. –Pobre Pastora, romance por don J. Miguel de Losada. –El Cid, considerado en sus relaciones con la nacionalidad española, por don Francisco de Paula Canalejas. –La salida del sol. –Revista minera. –Mercados.» (La Iberia, Diario liberal de la mañana, Edición de Madrid, jueves 15 de enero de 1857, año IV, nº 760, página 3, columna 4.)

Al finalizar aquel curso académico figura entre los redactores de La América, crónica hispano-americana, de la que era director propietario Eduardo Asquerino (anuncio en El Genio de la Libertad, periódico del progreso, Palma, domingo 10 de mayo de 1857).

«Vacaciones. La Academia de jurisprudencia y legislación ha terminado sus sesiones con los debates sobre la disertación del señor Viedma acerca de la responsabilidad en los delitos de imprenta. En la discusión de este tema han tomado parte en pro de la responsabilidad directa del escritor con absoluta libertad en la manifestación de sus ideas los señores Canalejas, Moraita y Barona, y en contra los señores Sampedro, Barroso y Llorente.» (La Iberia, diario liberal de la mañana, viernes 29 de mayo de 1857, año IV, nº 892, pág. 3, col. 5)

Recién licenciado fue nombrado catedrático auxiliar de la Facultad de Filosofía y Letras por orden del rector. En enero de 1858 recibió el grado de doctor (con el discurso «Ley de relación interna de las ciencias filosóficas», 38 págs.), apadrinado por Emilio Castelar, quien ya era catedrático de Historia filosófica y crítica de España, desde el año anterior. Una vez doctor ya pudo obtener el mismo nombramiento de catedrático auxiliar por Real Orden.

«Grado. El señor don Francisco de Paula Canalejas recibirá hoy domingo, a las doce de su mañana, en el paraninfo de la Universidad central, la solemne investidura de doctor en la facultad de filosofía y letras, siendo su padrino el doctor don Emilio Castelar.» (La Iberia, diario liberal de la mañana, domingo 24 de enero de 1858, año V, nº 1094, pág. 3, col. 6)

«El erudito articulista de La Crónica, señor Canalejas, cree a su vez haber probado que el drama de Dacarrete no tiene parentesco alguno con el drama de Shakspeare y, en oposición abierta con el juicio de la señora Coronado, dice devolviéndola sus propias palabras: ‘El autor español no ha sido aplaudido a pesar de haber copiado a Shakspeare, sino que ha sido aplaudido por no haber copiado a Shakspeare y haber escrito un drama titulado Julieta y Romeo’.» (La Iberia, diario liberal de la mañana, domingo 6 de junio de 1858, año V, nº 1204, pág. 3, col. 2)

«El miércoles concluyó la vista de la causa formada, a instancia del señor Campoamor, contra los ayudantes del general Narvaez, acusados ante los tribunales por delito contra la persona del conocido escritor y diputado que ha sido del anterior Congreso. La vista ha durado dos días, y en ellos usaron de la palabra el joven abogado señor Canalejas, el señor Alcolado y otro cuyo nombre no recordamos. Este proceso ha despertado, como era natural, la curiosidad pública, porque recuerda el atentado cometido por los ayudantes oficiales de un ex-presidente del Consejo contra la persona de un escritor público y diputado que le hacía enérgica oposición... entonces.» (La Iberia, diario liberal de la mañana, sábado 10 de setiembre de 1859, año VI, nº 1594, pág. 2, col. 1-2)

Entre finales de 1859 y principios de 1860 fue uno de los impulsores de la obra periódica (ocho entregas al mes) Crónicas de la Guerra de África («por los señores Castelar, Canalejas, Cruzada Villaamil y Morayta. Gran publicación de lujo, ilustrada con grandes láminas autografiadas, hechas en el mismo campo de batalla por D. José Vallejo.»).

El 13 de marzo de 1860 gana por oposición la cátedra de Literatura general de la Universidad de Valladolid. Y el 2 de junio de 1861 pronuncia su discurso de recepción en esa universidad, sobre «Origen y crecimiento de la leyenda española», que fue respondido protocolariamente por el catedrático de filosofía Atanasio Pérez Cantalapiedra. (En el «Escalafón de antigüedad de los catedráticos de las universidades en 1º de septiembre de 1861» ocupa el puesto 258 de 273.)

Francisco de Paula Canalejas fue, durante más de dos décadas, uno de los personajes más activos del Ateneo de Madrid, dictando cursos desde sus cátedras y dirigiendo la Sección de Literatura:

«Cátedras. El Ateneo científico y literario ha anunciado que ayer se verificaba la apertura de las cátedras de aquella corporación, pronunciando el discurso inaugural el señor don Francisco Martínez de la Rosa. Las cátedras que debían abrirse, eran las siguientes: Cátedras de 1860 a 1861: [...] Martes. Cátedra núm. 1. De ocho a nueve don Francisco de Paula Canalejas: exposición crítica de la filosofía en las naciones latinas durante la primera mitad del siglo presente.» (La Iberia, diario liberal, domingo 11 de noviembre de 1860, año VII, nº 1936, pág. 4, col. 4)

«Ateneo. Esta noche comenzará sus explicaciones sobre la filosofía de las razas latinas en el presente siglo, el jóven y erudito orador don Francisco de Paula Canalejas.» (La Iberia, diario liberal, martes 27 de noviembre de 1860, año VII, nº 1948, pág. 3, col. 5)

«Con efecto, entonces (1858) Castelar hace la Historia de la civilización en los cinco primeros siglos del cristianismo, y Canalejas la de la Filosofía de las naciones latinas durante el siglo presente; Manuel Becerra diserta sobre Astronomía, y Corradi sobre Filosofía del derecho con relación a la política y Derecho público constitucional; Valera discurre sobre la Filosofía de lo bello, y Camús sobre los Latinistas españoles del Renacimiento; Gabriel Rodríguez hace la Crítica del llamado sistema protector, y comienza sus Estudios políticos; Echegaray estudia las Relaciones internacionales; López Serrano expone la Idea del Derecho en su desenvolvimiento filosófico y su desarrollo histórico; Gisbert la Filosofía del lenguaje universal (cuya primera cátedra desempeñó su iniciador Sotos Ochando); Blanco Fernández los Principios de Arboricultura; Assas las Bases de la Arqueología española; Rementería los Secretos de la Geografía física y de la Hidrología médica; y Torre Muñoz Los cuatro elementos de Aristóteles en el siglo XIX; Fabié examina la Historia y carácter de la Comedia; Vilanova la Geología considerada bajo el punto de vista de sus aplicaciones a la agricultura y a la industria, Galdo la Mineralogía; Alcalá Galiano diserta sobre la Organización de la aristocracia británica y la Liga libre-cambista envía sus mejores oradores (Galiano, Alzugaray, Aguirre, Canalejas, Carballo, Castelar, Echegaray, Figuerola, Gimeno Agius, Gisbert, Madrazo, Márquez, Monasterio, Moret, Pastor, Rodríguez, Sagasta, Sanromá, Segovia, Silvela, &c., &c.) a dirigir una serie de conferencias en pro de la reforma arancelaria.» (Rafael María de Labra en Revista Contemporánea, «El Ateneo de Madrid (VI)», 30 mayo 1878.)

«El señor Canalejas, conocido tan ventajosamente por sus escritos literarios, como por sus discursos en el Ateneo, nos envía el comunicado que a continuación publicamos con la mayor complacencia:
"Señor director de La Iberia. Mi querido amigo: El Diario de Barcelona, en una de sus últimas correspondencias saca a plaza mi humilde nombre, y me precisa a ocupar unas cuantas líneas en asunto propio del diario que Vd. dirije.
Alejado de la política militante, no había recibido aún calificación alguna: no me sorprende ni tampoco me asusta el dictado de demócrata con que me designa el referido diario, porque quizá a sus ojos ese sea el dictado que merezca el autor de la Introducción que encabeza la revista quincenal titulada La Razón, mi único escrito político y del cual me declaro padre.
Pero lo que toca ya, cuando menos en la malquerencia, por no decir en la injuria, es añadir a renglón seguido de designarme como demócrata, que he tomado parte en la redacción política de La Crónica y la tomo en la de El Contemporáneo. He publicado artículos literarios en La Crónica, en El Diario Español, en La Discusión, en El Norte Español, en El Occidente, en La América, en La Crónica de ambos mundos y no sé en cuántos diarios más; pero todos estos artículos están firmados y son puramente literarios, porque hasta hoy, y sólo en La Razón, no he comenzado a publicar escritos políticos.
Dispensa Vd. la molestia que le causo: no necesito acudir a los señores Rancés, Dacarrete y Retortillo, directores de los diarios citados, para abonar mis palabras, porque tengo la confianza de que no es posible denegar siquiera lo que asegura su seguro servidor y amigo Q. S. M. B.
F. de Paula Canalejas. Madrid 22 de diciembre de 1860."» (La Iberia, diario liberal, domingo 23 de diciembre de 1860, año VII, nº 1968, pág. 2, cols. 1-2.)

«Pleito. Ayer se verificó en la planta baja de la Audiencia, juzgado de Lavapiés, el que con el editor señor Prats tiene entablado el conocido escritor señor Trueba, sobre propiedad literaria del Libro de los cantares. Como esta cuestión afecta de una manera directa a nuestra literatura, esperamos que este asunto quede zanjado en justicia, para que de hoy en adelante sepan los escritores a qué atenerse. Defendió al editor don Francisco de Paula Canalejas, y al señor Trueba, don Luis del Barco.» (La Iberia, diario liberal, viernes 28 de diciembre de 1860, año VII, nº 1971, pág. 3, cols. 6.)

A comienzos del curso 1861-62, catedrático de la Universidad de Valladolid, emprende la publicación (octubre de 1861), como director, de la Revista ibérica de ciencias, política, literatura, artes e instrucción pública, firmando la «Advertencia» inicial, que antecede al primer artículo, «Generación de los sistemas filosóficos», por Julián Sanz del Río. Los redactores iniciales de Revista Ibérica eran Francisco de Paula Canalejas (director), Ricardo Alzugaray, Miguel Morayta («editor responsable» del primer número) y Gregorio Cruzada Villaamil (secretario), y esa publicación quincenal se mantuvo ininterrumpidamente durante cuarenta y un números, los cursos académicos 1861-62 y 1862-63. Los dos últimos tomos de Revista Ibérica (desde enero a junio de 1863) añaden al título de la publicación el rótulo de «Órgano hispano-cubano». Esta revista fue numerosas veces retirada y censurada por la autoridad gubernativa y judicial, y en ella colaboró con frecuencia el hermano mayor del director, José Canalejas Casas.

Al terminar las clases del curso 1861-62 logra el traslado desde Valladolid (donde firma los artículos publicados durante esos meses) a la Universidad Central, retornando a Madrid alegando razones de salud, aún perdiendo temporalmente beneficios en el cuerpo de catedráticos, como Revista Ibérica se preocupa por informar en una nota que ofrece demasiadas explicaciones no pedidas:

«Nuestro amigo y director D. F. de Paula Canalejas, ha sido trasladado a la Universidad Central. Catedrático numerario por oposición, de la facultad de filosofía y letras de Valladolid, ha venido a la Central como catedrático supernumerario, perdiendo considerablemente en sueldo y categoría, y saliendo del escalafón de catedráticos. El clima de Valladolid, era tan nocivo a su salud, que se ha visto obligado a solicitar esta traslación, que ya recogía como precedentes, lo hecho con el Sr. Seco Baldor y poco ha, con D. Miguel Aragón. Prescindiendo de lo mucho que por esta traslación pierde en su carrera, su salida de Valladolid le será dolorosa por los muchos y buenos amigos que tanto le han favorecido con su amistad.» (15 julio 1862, IV:I, 79.)

«El lunes 28, tomó posesión de su cargo de catedrático supernumerario de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, nuestro director don F. de Paula Canalejas.» (30 julio 1862, IV:II, 164.)

A lo largo de los siete tomos (cuarenta y un números) de Revista ibérica firmó Francisco de Paula Canalejas Casas los siguientes textos: «Advertencia» (15 octubre 1861, I:I, 1-9); «Italia y Aragón en el siglo XV» (15 noviembre 1861, I:III, 191-203), «Historia crítica de la literatura española, por D. J. Amador de los Ríos» (15 diciembre 1861, I:V, 363-374), «¿Los anarquistas, los socialistas y los comunistas, son demócratas?, por D. Ceferino Treserra» (30 enero 1862, II:II, 128-130), «Revista de Cataluña» (30 enero 1862, II:II, 130-131), «Historia crítica de la literatura española, por D. J. Amador de los Ríos (artículo II)» (28 febrero 1862, II:IV, 259-275), «Del estudio de la ciencia política en España (carta primera)» (15 marzo 1862, II:V, 313-321), «Del estudio de la Historia de la filosofía española» (30 marzo 1862, II:VI, 393-406), «Recepciones académicas» [sobre los discursos de recepción en la Academia de Ramón de Campoamor y Juan Valera] (15 abril 1862, III:I, 38-53), «Las escuelas alemanas y sus contradictores (I)» (15 mayo 1862, III:III, 173-184), «Napoleón III y el panlatinismo» (30 junio 1862, III:VI, 421-431), «Las escuelas alemanas y sus contradictores (II)» (15 agosto 1862, IV:III, 165-182), «Las escuelas alemanas y sus contradictores (III)» (15 setiembre 1862, IV:V, 333-354), «Revista Política» (15 setiembre 1862, IV:V, 406-413 [firmado sólo «Canalejas», quizá también la «Revista política» del número anterior, firmada por «F.» sea de su autoría]), «Gibraltar» (30 octubre 1862, V:II, 81-90), «Fundamentos filosóficos del libre-cambio» (30 noviembre 1862, V:IV, 288-306) y «Historia crítica de la literatura española, por D. J. Amador de los Ríos (artículo III)» (15 diciembre 1862, V:V, 383-391).

Tiene curiosidad la respuesta que en el Boletín de Instrucción Pública de la Revista Ibérica (II:231) se hace a un comentario que el afrancesado José Miguel Guardia Bagur había publicado en la Revue Germanique, censurando «la insustancialidad de nuestros discursos del doctorado»:

«En pro de la verdad debemos decir, que sin embargo de que M. Guardia tiene razón sobrada para censurar la ninguna importancia de esta clase de discursos, entre nosotros, puesto que así se ha conseguido que el grado de doctor no sea ambicionado, sino por pueril vanidad; no obstante, al referirse a la facultad de filosofía y letras, es necesario hacer, no dos, sino muchas excepciones. Tiempo hace que uno de nuestros amigos, dedicó en La Crónica una serie de artículos, para demostrar la importancia y valer que tenían los discursos que salen de la facultad de filosofía; muy distintos decía, en tendencias y mérito de los debidos a doctores de otras facultades; mas aunque este examen sea ocioso, para contestar al entendido redactor de la Revista Germánica, nos basta recordar los nombres de los Sres. Amador de los Ríos, Castelar, Catalina, Fernández y González, Sanz del Río, Canalejas y muchos otros, que han desenvuelto tesis importantísimas, con la debida extensión, y de un modo tal, que sus trabajos serán siempre leídos y consultados con fruto.» (Revista Ibérica, 30 enero 1862, II:II, 231.)

Su comentario «Recepciones académicas» (15 abril 1862, III:I, 38-53), sobre los discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública de Ramón de Campoamor (9 marzo 1862) y en la de Juan Valera (16 marzo 1862), dio pie a que Valera le dirigiera dos interesantes cartas públicas en Revista ibérica: «Cartas dirigidas al Sr. D. Francisco de Paula Canalejas, sobre la crítica que éste ha hecho de los discursos leídos ante la Real Academia Española por los Sres. Campoamor y Valera» (30 mayo 1862, III:IV, 300-309) y «Cartas dirigidas al Sr. D. Francisco de Paula Canalejas... (II)» (30 junio 1862, III:VI, 454-462). Siete años después (28 noviembre 1869) sería el propio Juan Valera quien respondiera el discurso de recepción de Canalejas en esa Academia.

Al margen de la docencia universitaria desempeño la jurisprudencia desde su bufete, ejercicio profesional en el que también alcanzó renombre. En el último número de Revista Ibérica (15 junio 1863, VII:V, 430-432) se publica, «puesto de acuerdo el Director de la Revista Ibérica, con el Sr. D. Joaquín Francisco Pacheco y otros de nuestros más notables jurisconsultos», la convocatoria de un Congreso de Jurisconsultos, fechada en Madrid el 25 de junio de 1863, firmada por «J. F. Pacheco – C. Antón de Luzuriaga – Manuel Cortina – Salustiano de Olózaga – A. de los Ríos y Rosas – Pedro G. de la Serna – Cirilo Alvarez – Manuel A. Martínez – F. de Paula Canalejas, secretario.»

«Han tenido lugar en el Ateneo científico y literario de Madrid las elecciones para varios cargos de la junta directiva y para las mesas de las secciones. Fueron elegidos: presidente de dicha corporación, D. Antonio Alcalá Galiano; consiliario, el Sr. marqués de la Vega de Armijo; contador, D. Diego Mier, y secretario primero, D. Fernando Fulgosio. Para la sección de ciencias morales y políticas, resultaron elegidos: presidente, el Señor Moreno Nieto; vice-presidente, el Señor Canalejas, y secretarios los Sres. Moret y Salmerón. Para la literatura: presidente, D. Antonio Alcalá Galiano; vice-presidente, el Sr. Valera, y secretarios, los Sres. Fernández Giménez y Ojesto.» (Escenas contemporáneas, revista de noticias generales, Madrid 31 de enero de 1863, año VIII, nº 7, pág. 151.)

«Esta noche tendrá sesión la sección de ciencias morales y políticas, y se cree que alguno de los señores de la asociación libre-cambista, tal vez el señor don Gabriel Rodríguez, impugnará las doctrinas sustentadas, con tanto saber y elocuencia, en la última sesión por el señor don Francisco de Paula Canalejas.» (Escenas contemporáneas, revista política, literaria..., nueva época, tomo II, Madrid 1863, pág. 80.)

En 1863 gana por oposición la cátedra de Principios generales de Literatura y Literatura española de la Universidad Central, que desempeña hasta 1872, en que fue trasladado a la cátedra de Historia de la Filosofía (disciplina impartida en el curso de Doctorado).

«Sabemos que cada uno de los procesados por la comida del cinco de marzo, nombrará dos abogados que le defienda. Dícese que además, cada uno de los procesados tomará la palabra sobre hechos. Se pronunciarán pues, 160 discursos de explicación de defensa y 88 discursos de hechos. Se dice que serán nombrados abogados D. Manuel Cortina, D. Buenaventura de Selva, D. Nicolás María Ribero, D. Cristino Martos, D. José Fernández de la Hoz, D. Simón Santos Lellín, D. Francisco de Paula Canalejas, D. Juan Bautista Alonso, todos los primeros criminalistas de España.» (El Lloyd Español, Barcelona, viernes 31 de marzo de 1865, año V, nº 2810, pág. 1, col. 4.)

Tras la noche de San Daniel (10 de abril de 1865) y la suspensión de empleo y sueldo de Emilio Castelar como catedrático, el día 20 de abril varios profesores auxiliares de la Facultad de Filosofía –Nicolás Salmerón Alonso, Miguel Morayta Sagrario, Valeriano Fernández Ferraz, Manuel María del Valle Cárdenas– renunciaron a sus cargos para no verse «en el compromiso de sustituir al ilustrado profesor», los tres primeros, y por «el estado de mi quebrantada salud», el cuarto; siendo admitidas el día 22 tales renuncias; y luego encausados Salmerón, Ferraz y Morayta por «abandono de destino, injurias graves y desacato a la autoridad». Francisco de Paula Canalejas fue nombrado sustituto interino de la cátedra de Castelar durante unos días, hasta que el 28 de abril se hizo cargo de ella José Campillo Rodríguez, quien hacía unos pocos meses había ganado la cátedra de Historia universal de la Universidad de Oviedo.

«Leemos en El Reino de anoche: ‘Hoy se han despedido de sus discípulos los señores Figuerola, Canalejas, Ferraz, Salmerón, Valle y Morayta, que presentarán sus dimisiones. También se anuncia la del señor Mata y algunas otras.’» (El Lloyd Español, Barcelona, 23 de abril de 1865, página 3, columna 2.)

«Se ha presentado en el Congreso la protesta que gran parte del profesorado eleva a las Cortes contra la suspensión del Sr. Castelar. La protesta es un documento puramente jurídico; pero en el cual se demuestra que el gobierno ha violado la ley, y ha vulnerado todos los derechos del profesorado. En la protesta se dice que se ha faltado al art. 170 de la ley de Instrucción pública; que se ha faltado a los arts. 20 y 22 del reglamento de universidades; que se ha faltado a las instrucciones escritas en el reglamento provisional para el régimen de la instrucción pública; y por consecuencia que procede exigir la responsabilidad al gobierno. Firman la protesta los Sres. Figuerola, Merelo, Galdo, Sanz del Río, Moret, Canalejas, Olózaga (D. Santiago), Comas, San Romá, Camús, Castro, Calvo y Martín, Elizalde, Montero, Bardón, Moya, Leix, Mata, Saura, Seco y Baldor, Madrazo, Prieto, Gándara, Carreras y González, y otros de cuyos nombres sentimos no acordarnos.» (El Lloyd Español, Barcelona, domingo 28 de mayo de 1865, página 2, columna 2-3.)

Luis Vidart Schuch le dedica en 1866 un apartado en La filosofía española, después de tratar de Sanz del Río, presentándole como «uno de sus más aventajados discípulos»:

«Cuando vio la luz pública el Sistema de la filosofía del Sr. Sanz del Río, uno de sus más aventajados discípulos, el Sr. D. Francisco de Paula Canalejas, escribió en la Crónica de Ambos Mundos (septiembre de 1860) un profundo juicio crítico, donde después de exponer el estado intelectual de la Europa latina, rechaza por incoherentes las doctrinas hegelianas, enseñadas en los libros de Vacherot y de Vera; dice que Gioberti «yace olvidado bajo el peso de sus paradojas y contradicciones», que Rosmini no cuenta discípulos, y que Proudhon cambia de ideas según lo exige el carácter de sus polémicas, y presenta como remedio a tamaña confusión científica las serias y sintéticas teorías del sistema de Krause. [178]
Comparando en este artículo al Sr. Sanz del Río con los otros expositores del racionalismo armónico en las naciones neo-latinas, Ahrens y Tiberghien, levanta al autor español por cima de ambos, como muy superior en la precisión científica que acierta a dar a sus escritos, calidad de subido mérito y gran conveniencia, sobre todo en España, donde el menosprecio de los estudios filosóficos hacen que se confundan lastimosamente nombres y sistemas de diversa y aun contradictoria índole, sin escuchar los preceptos que nacen del método y organismo científico.
El Sr. Canalejas ha publicado en las revistas y periódicos no pequeño número de artículos sobre distintos puntos filosóficos; y también ha impreso un discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid, sobre el Estado actual de la filosofía en las naciones latinas (1861), cuyas apreciaciones, en su mayor parte exactas y cuya elocuencia didáctica lo hacen muy digno de los repetidos aplausos que alcanzó del numeroso público que tuvo el gusto de escucharle.» (Luis Vidart, La filosofía española, indicaciones bibliográficas, Madrid 1866, págs. 177-178.)

En 1868 publica la primera parte de su Curso de literatura general, dedicada a «La poesía y la palabra», y en 1869 aparece la segunda parte de ese Curso, «La poesía y sus géneros (exposición del organismo de la poesía)».

El 7 de marzo de 1869, en el ciclo de «conferencias dominicales sobre la educación de la mujer», habló sobre la educación literaria de la mujer. Y el 10 de junio de 1869 fue elegido para cubrir el sillón k de la Real Academia Española, vacante tras el fallecimiento de Isaac Núñez Arenas, precisamente su antecesor en la cátedra de Literatura de la Universidad [el mismo sillón que, a partir de 1920, había de ocupar Armando Palacio Valdés].

«D. Francisco de Paula Canalejas ha escrito un libro muy bueno, que es la parte segunda de un curso de literatura general en que trata magistralmente de la poesía y sus géneros. Que el libro sea bueno lo comprendemos, porque Canalejas es muy capaz de hacer libros buenos; lo que no comprendemos, aunque lo admiramos, es el valor con que en las circunstancias actuales se acometen empresas de tan problemático éxito. Por el mérito de su libro y por lo grande del empeño, aplaudimos y felicitamos al Sr. de Canalejas, que como Vds. sabrán, es ya académico.» (Gil Blas. Periódico satírico, Madrid, domingo 20 de junio de 1869, año VI, nº 170, págs. 4, col. 1.)

«¿Desea el gobierno saber, para castigarla, dónde hay gente que falte descaradamente a la Constitución? En la Academia de la lengua. El Sr. Canalejas ha presentado un discurso que ha sido rechazado por el Sr. D. Aureliano Fernández Guerra y otros católicos, por contener proposiciones de sabor herético. Supongo que el discurso tiene esas proposiciones; pero ¿no hay un artículo en la Constitución que garantiza la libertad de conciencia y la libertad de cultos? ¿Cómo una corporación oficial se permite faltar tan descaradamente a lo manda la Constitución del Estado? El discurso del Sr. Canalejas puede ser todo lo herético que le de la gana, y el Sr. Fernández Guerra podrá combatirlo en el terreno de la discusión; ¿pero negar la entrada en la Academia? ¿Cómo? ¿Con qué derecho? ¡Ah, señores ministros, qué ocasión tan bonita para dar un corte a la Academia y suprimir ese nido de reaccionarios! ¡Qué ocasión! Pero no la aprovechareis, porque no se trata de excesos de las masas, por más que, andando el tiempo, estos polvos traigan aquellos lodos.» (Luis Rivera en Gil Blas. Periódico satírico, Madrid, jueves 28 de octubre de 1869, año VI, nº 207, págs. 1-2.)

«Un nuevo incidente ha tenido lugar en la Academia de la Lengua, con motivo de la presentación del discurso de recepción de académico electo don Francisco de P. Canalejas.
Nombrados ponentes para dar cuenta del discurso los Sres. D. Eugenio de Ochoa, D. Antonio Ferrer del Río y D. Aureliano Fernández-Guerra, opinaron los dos primeros que el discurso del señor Canalejas era digno de la Academia y que debía autorizarse su lectura pública, al paso que el señor Fernández-Guerra fue de dictamen de que la Academia no debía permitir su lectura por contener ideas que se oponen a la verdad católica. Reunidos los Académicos existentes en esta capital para dirimir la cuestión, tuvo lugar el fallo uno de estos últimos días, acordando la Academia por trece votos contra cinco, que el discurso del Sr. Canalejas es digno de aquella ilustre corporación, y que los principios en él sustentados en nada se oponen al dogma católico.
Felicitamos de todo corazón al Sr. Canalejas por este triunfo, y esperamos con avidez la publicación de su discurso, que no dudamos será un elocuente resumen de las admirables y trascendentales conquistas que la ciencia filológica ha hecho en nuestros días, merced a la infatigable investigación de los Bopp, Müller, Diez, Bournot y Julien.» (Leopoldo Romero en El nuevo siglo ilustrado, Madrid 31 de octubre de 1869, año III, nº 35, página 274.)

La ceremonia de recepción pública del nuevo académico de la lengua tuvo lugar el día 28 de noviembre de 1869, y el discurso leído por Canalejas, «Leyes que presiden a la lenta y constante sucesión de los idiomas en la historia indo-europea», fue contestado protocolariamente por don Juan Valera, «Sobre la ciencia del lenguaje». Al año siguiente Canalejas publicó un librito sobre Las doctrinas del doctor iluminado, Raimundo Lulio, 1270-1315 y otro sobre Los poemas caballerescos y los libros de caballerías. El 12 de noviembre de 1871 pronunció el discurso inaugural del curso en la Academia Española, sobre los Autos sacramentales de Calderón de la Barca.

«El 12 del corriente celebró la Academia Española la reunión pública de costumbre al principio de cada año académico. En ella leyó el individuo de número, D. Francisco de Paula Canalejas, un discurso cuyo asunto es: Los autos sacramentales de D. Pedro Calderón de la Barca; discurso notable por sus excelentes ideas religiosas.» (El Café. Eco de la chismografía artística y literaria, Madrid 30 de noviembre de 1871, año I, nº 3, página 8.)

En 1871 era Canalejas uno de los 500 suscriptores a las Obras completas de Platón (el nº 233), puestas en español por Patricio de Azcárate. Afiliado al partido progresista, fue elegido diputado el 24 de agosto de 1872 por Nules (Castellón), con 3.381 votos de 4.259 votantes; siguiendo formando parte de las Cortes de la (primera) República [11 febrero 1873 a 29 diciembre 1874], tras las elecciones de 10 de mayo de 1873, en que fue elegido diputado por Sort (Lérida), con 2.067 votos de 3.828 votantes. Durante la presidencia republicana de Emilio Castelar, habría rechazado una cartera ministerial que le ofreció su gran amigo.

«La sesión de hoy en el Congreso empezó a las dos bajo la presidencia del señor Rivero. [...] El señor Canalejas leyó el discurso de contestación al mensaje de la corona. Pidieron la palabra en contra los señores Collantes, Jove y Hevia, Salmerón y Romero Ortiz. Preguntado el gobierno acerca del siniestro del Escorial, dijo el señor Ruiz Gómez que las pérdidas aunque deplorables, no lo han sido tanto como se podía temer, habiéndose quemado cuatro patios, y habiendo sido salvados todos los volúmenes de la biblioteca.» (La Convicción. Periódico católico-monárquico, Barcelona, sábado 5 de octubre de 1872, año III, nº 275, pág. 10, col. 3.)

«Sesión del 28. [...] El Sr. Canalejas termina la sesión con un discurso de filosofía rayada. [...] Sesión del 29. Exposiciones, interpelaciones, rectificaciones, peticiones y presidencia del Sr. Gómez en los primeros momentos, y del Sr. Pasaron en los tiempos modernos. El Sr. Canalejas vuelve a hablar sobre el voto particular. S. S. dice que "las ciencias militares no son más que una sencilla aplicación en casos concretos y determinados, de las verdades científicas." Un espectador a otro –(Apaga y vámonos). Por supuesto, el Sr. Vidart destruye lo dicho por el señor Canalejas. El Sr. Lagunero pulveriza al Sr. Vidart, dándole en la nariz (simbólicamente hablando) con el texto vivo de Gambetta, mariscal de Champaigne, como dice un poliglotón que yo conozco. Habla luego el Sr. Pí y Margall, como un inteligente en el asunto; y el Sr. Ministro de la Guerra, demuestra con una elegante peroración, la inmensa profundidad de sus profundos conocimientos en el arte militar. [...] Sesión del 30. Se participa al Congreso el alumbramiento de doña María Victoria. La mayoría victorea mentalmente al recién nacido. En su consecuencia, y no hallándose presentes los señores Olave, Canalejas y Vidart, se aprueba el voto particular sobre la ley de reemplazos.» (El Garbanzo, periódico de primera necesidad, 6 de febrero de 1873, siglo I, año II, nº 30, pág. 2, col. 1-2.)

«Así, después de los discursos que en contra del voto particular pronunciaron ayer tarde los señores Guardia y Echegaray, el señor Canalejas pronunció uno muy largo en favor, encareciendo los peligros de una ruptura entre radicales y republicanos, y haciendo ver que los radicales no pueden ahora constituir situación por sí mismos. El señor Canalejas hizo alusión a la actitud del señor Rivero, en nombre del cual habló el señor Ramos Calderón, para decir que el señor Rivero había declarado que no formaría parte de ningún ministerio que no fuera de conciliación, y que no creía posible la formación de un gabinete radical.» (La Convicción. Periódico católico-monárquico, Barcelona, martes 11 de marzo de 1873, año IV, nº 95, pág. 4, col. 1.)

En 1872 recopiló algunos trabajos éditos en Estudios críticos de filosofía, política y literatura (Bailly-Baillière, Madrid 1872, XV+449 páginas.) Dos años después le correspondió inaugura el curso 1874-75 en la Universidad de Madrid, ceremonia en la que instó a «conocer la Voluntad y confesar después de conocida, que es única causa y causa absoluta de todos los actos de la vida moral del hombre». Canalejas, ya catedrático de Historia de la Filosofía, publicó en 1875 una breve Introducción al estudio de la filosofía platónica (93 páginas) y un voluminoso Doctrinas religiosas del racionalismo contemporáneo (547 páginas), libro éste que resultó estar demasiado inspirado en obra ajena publicada en francés. En efecto, el 23 de mayo de 1875, en «El problema religioso», desvelaba prudentemente el joven Armando Palacio Valdés que este libro de Canalejas estaba en gran parte plagiado de la obra de Federico Augusto Lichtenberger (1832-1899), pastor luterano y profesor de la Facultad de teología protestante de Estrasburgo y luego deán de la Facultad de teología protestante de París (que en 1873 había publicado su Histoire des idées religieuses en Allemagne depuis le milieu du XVIIIe siècle jusqu'à nos jours). La prudencia con la que resolvió tan delicado asunto tuvo curiosas consecuencias, que en 1919 recordaba don Armando a dos de sus biógrafos:

«Adquirí el compromiso de hacerlo [un comentario sobre el libro de Canalejas]; leí el libro del Sr. Canalejas y me puse a buscar todas las obras que hubiese sobre el mismo tema. Fruto de mis investigaciones fue un lamentable hallazgo. En una de mis pesquisas topéme con un libro que se titula también Estudios de filosofía religiosa, de un alemán. Lo leí y tuve que convencerme que la obra de don Francisco Canalejas había sido totalmente copiada de la obra alemana. Señalé lo más fina y benévolamente que pude en el juicio crítico estas coincidencias. Y como recientemente Perojo había hecho una tremenda campaña contra Canalejas, D. Francisco, a quien la diferencia de trato, dentro de la censura, conmovió, me dedicó en no recuerdo qué periódico un artículo tan sumamente elogioso para mí, que no sé si puede haber alguno que se le compare.» (Luis Antón del Olmet y José de Torres Bernal, Los grandes españoles. Palacio Valdés, Pueyo, Madrid 1919, pág. 65.)

Dos años más dedica Palacio Valdés a Canalejas un artículo, bien ácido, en su serie sobre «Los oradores del Ateneo», donde entre otras cosas razona así el supuesto krausismo de Canalejas:

«Se dice que es discípulo de Krause. Distingamos. Si por krausista se entiende un personaje extravagante y soberbio que, colándose de sopetón en la morada de la ciencia, pretende dar con la puerta en las narices a cualquier otra doctrina que no sea la suya; es decir, si el krausista ha de ser un ultramontano vuelto al revés, el Sr. Canalejas está muy lejos de recibir con justicia tal denominación. Mas si ésta significa por ventura la creencia razonada en todas o en parte de las doctrinas de aquel filósofo sin constituirse en sectario suyo, bien puede asegurarse sin temor de calumniarle que es krausista. ¡Que no fueran todos los krausistas como el Sr. Canalejas, tolerantes, flexibles, y sobre todo más estéticos en su obrar y decir!» (Armando Palacio Valdés, Don Francisco de Paula Canalejas, Revista Contemporánea, Madrid 2 de diciembre de 1877, año IV, tomo X, nº 197, págs. 725-727.)

En 1878 ganó Marcelino Menéndez Pelayo la cátedra de Literatura de la Universidad Central, en una oposición en la que José Canalejas Méndez, sobrino de Francisco de Paula Canalejas, era uno de los oponentes:

«Suponiendo que Borao (como progresista que es, a lo cual se agrega el no conocerme) se arrime a Fernández y González, suponiendo (cuanto se puede suponer) que el consejero nombrado en sustitución de Valera sea también adverso, siempre quedarían a mi favor Milá, Fernández Guerra y Cañete: agregándoseles Rubí, tendríamos mayoría. Yo no le conozco, y quizá sería conveniente prevenirle, para que no le ladease Canalejas a favor de su sobrino que es uno de los opositores. ¿Tratas á Rubí?» (MMP a Laverde, 14 julio 1878, MPEP 3:113)

«No necesito advertirte que en mi toma de posesión (que, entre paréntesis, me dio un Rector montañés, D. Manuel Rióz) brillaron por su ausencia Canalejas, Revilla, Morayta, Camus y Bardon. Fernández González fue, pero ni siquiera me saludó. Los demás estuvieron muy finos. Me tienes, pues, en quieta y pacífica posesión de la cátedra de Josephus Amator Fluminum.» (MMP a Laverde, 25 diciembre 1878, MPEP 3:215)

En 1879 contrajo Canalejas una grave dolencia crónica, y al año siguiente, tras su última intervención pública, el 25 de abril de 1880 (contestando a su amigo Emilio Castelar en la recepción pública de éste como académico de la Española), ya era asunto de cotilleo que tanto Francisco de Paula Canalejas como Manuel de la Revilla padecían graves enfermedades mentales. Revilla falleció en 1881, Canalejas el 4 de mayo de 1883.

«¿Cómo va el 2.º tomo de Heterodoxos? Según noticia que me ha dado tu padre, es un hecho la locura rematada de Revilla y Canalejas. De lamentar es el caso, pues son prójimos y no vulgares; pero no de extrañar. Lo inconcebible es que no tengan el mismo paradero cuantos andan metidos en iguales y parecidas andanzas filosóficas, y hasta los que escuchan desde la cruz a la fecha el discurso laberíntico de Castelar en la Academia, obra que remató a Canalejas, ó no es cierta la noticia de que éste se declaró loco al día siguiente de la famosa recepción.» (José María de Pereda a Marcelino Menéndez Pelayo, Santander, 25 mayo 1880, MPEP 4:166.)

«Noticias necrológicas. Don Francisco de Paula Canalejas. Modesto y sencillo en su trato, cariñoso en extremo con sus discípulos y sus amigos, apasionado por el estudio y maestro doctísimo en la ciencia de la literatura, el sabio catedrático de la Universidad, cuyo nombre encabeza estas líneas, deja al morir un nombre ilustre por todos admirado y querido.
Canalejas pertenecía a la generación de jóvenes que brillaban en la Universidad y el Ateneo en los años que precedieron a la revolución de septiembre, juventud de que formaron parte Castelar, Cánovas, Martos, Ayala, Moreno Nieto y tantos otros que han adquirido celebridad.
Con Castelar, sobre todo, sostuvo siempre una íntima amistad. Eran muy jóvenes cuando sus nombres aparecieron juntos en la portada de un libro. Se titulaba D. Alfonso el Sabio, y era un precioso estudio de la época del inmortal autor de las Partidas.
El día en que la Academia Española celebró sesión solemne para la recepción de Emilio Castelar, se alzó a saludarle en nombre del docto cuerpo un académico en cuya voz temblorosa se adivinaba la emoción que le embargaba al dar la bienvenida a su antiguo condiscípulo.
El día de su muerte, dando una última prueba de la amistad que los unía, permaneció Castelar más de dos horas al lado del cadáver, aún caliente, de su desgraciado amigo, en tanto que se deslizaban por sus mejillas gruesas lágrimas.
La historia de Canalejas es una serie continuada de triunfos.
Nacido en Lucena en 1834, vino muy joven a Madrid a seguir sus estudios, y apenas terminados, entró a explicar, como auxiliar, una cátedra de la Universidad. Poco después ganaba por oposición la cátedra de Literatura de Valladolid, más tarde ocupaba la de Madrid, y últimamente pasaba a explicar la de Historia de la Filosofía, en cuyo cargo le sorprendió la terrible enfermedad mental que tantos sufrimientos le ha proporcionado en los últimos años, hasta que complicándose recientemente con una pulmonía, ha puesto fin a su existencia.
Como individuo de la Academia Española trabajó con gran entusiasmo en la formación del Diccionario, principalmente en las voces y frases relativas a la filosofía y sus sistemas.
Su obras más conocidas son la Historia de la literatura, Estudio acerca de la poesía épica, Los autos sacramentales de Calderón, La poesía moderna y El curso de Literatura general, obra que había de constar de seis tomos, de los cuales dos están publicados y uno inédito.
Son muy notables también sus estudios y artículos sobre Teodicea y sobre Filosofía alemana, trabajos para los que tenía reconocida competencia como representante el más ilustre de la escuela hegeliana en España.
La literatura y la ciencia absorbieron casi por completo la atención de Canalejas. Sin embargo, se distinguió también en el foro. Por la política pasó rápidamente; vino a las Asambleas del 72 y a la del 73, y allí se mostró notable e intencionado polemista. Pudo tener una cartera de Ministro y no la quiso, prefiriendo vivir en una situación independiente de la política.
Como periodista llegó también a adquirir justa fama por sus trabajos en las revistas La Reforma, La Unión Ibérica y La Razón.
Donde más recuerdo deja es en el Ateneo, primer centro literario y científico de España, en cuyos debates tomó parte siempre con gran brillantez, ocupando durante largo tiempo la presidencia de la sección de literatura.
Así en el Ateneo, como en la Universidad, como en la Academia; así en el foro como en el Parlamento, deja en todas partes el recuerdo de una vida laboriosa dedicada al estudio y al trabajo, y su nombre será pronunciado con la admiración y el respeto que inspira siempre la memoria de un hombre sabio y honrado.» (Escenas contemporáneas. Revista Bibliográfica, dirigida por Manuel Ovilo Otero, Año I, tomo II, páginas 254-255, Madrid 1883.)

«Ayer tarde fué conducido a su última morada el cadáver de la señora doña Blanca Canalejas y Morayta, viuda de nuestro malogrado amigo el joven e inteligente abogado Sr. D. Enrique García Alonso. Ha habido pocas familias a las que la desgracia haya herido más cruelmente que a la de aquel hombre ilustre que fué una de las principales figuras de la España literaria del presente siglo. El, el insigne D. Francisco de Paula Canalejas, perdió la razón cuando se hallaba en el apogeo de aquellas facultades que han producido tan notables obras. La mayor de sus hijas casó con el intrépido y emprendedor Reus Vahamonde, que después de haber reunido colosal fortuna en América, perdió allí la vida, dejando comprometido su capital en arriesgadas empresas. A la menor todo le sonreía, casada con un hombre joven, inteligente y de brillante porvenir, parecía que había asegurado la dicha, cuando cruel enfermedad le arrebató a su esposo. Hace de esto diez y seis meses, y desde entonces ha vivido muriendo la infortunada viuda, que al fin sucumbió ayer víctima de una enfermedad que no conoce la ciencia, de la tristeza producida por el bien perdido. La señora de García Alonso que conocía perfectamente su estado y que veía llegar a la muerte, ha dejado un testamento hológrafo que dicen los que le conocen que es Un precioso documento. Su cadáver ha sido enterrado en el cementerio de San Isidro, en la misma sepultura que el de su esposo, y cumpliendo sus disposiciones solo se añadirá en la losa que dice, aquí yace D. Enrique García Alonso, esta sencilla inscripción y su mujer.» (La Correspondencia de España, Madrid, sábado 14 de enero de 1893, pág. 2)

Mario Méndez Bejarano, en su Historia de la filosofía en España, procura recordar que era sobrino suyo: «Muchos artículos acerca de materias filosóficas dejó Sanz del Río en diversas revistas. Sus obras fundamentales son: La cuestión de la filosofía novísima (1860), tesis doctoral; Lecciones sobre el sistema de Filosofía analítica de Krause (1850); Sistema de la filosofía (1860), obra de que sólo imprimió la parte analítica, pues de la sintética tiró para uso de sus discípulos una edición autografiada de contadísimos ejemplares, uno de los cuales, el de don Francisco Canalejas, logré disfrutar y en vano intenté adquirir al fallecimiento de mi deudo D. José Canalejas y Méndez, a cuyo poder había pasado después del óbito de nuestro tío D. Francisco.» (pág. 469).

«Natural de Lucena, la villa hebrea, D. Francisco de P. Canalejas y Casas (1834-83), inteligencia de primer orden, espíritu abierto y, como buen andaluz, elocuente y artista; Si bien profesó con gusto por complexión y por exigencia de su cátedra la ciencia literaria y no poco se distrajo con la política y el foro, consagró a la filosofía su más asidua labor y al fin permutó su cátedra de Literatura por la de Historia de la filosofía. Sus publicaciones filosóficas son: Cartas a Campoamor sobre el panteísmo, Introducción al estudio de la filosofía platónica. Ley de relación interna de las ciencias filosóficas (1858), Del estado actual de la filosofía en las naciones latinas (1861), Las doctrinas del Doctor Iluminado Raimundo Lulio (1870), Teodicea popular (1872), Estudios críticos de filosofía, política y literatura (1872) y Doctrinas religiosas del racionalismo moderno, La voluntad (1874).
Comenzó Canalejas militando en la extrema izquierda de la escuela; mas, influido en su edad madura por la lectura de filósofos y teólogos alemanes, singularmente de Schleiermacher, fue adoptando ese tono de misticismo de [473] los germanos, que todos son o místicos o escépticos, acercándose al lulismo, y terminando su carrera filosófica a cierta distancia del punto de partida, sin perder nunca el sello original.» (Mario Méndez Bejarano, Historia de la filosofía en España, págs. 472-473.)

Bibliografía cronológica de Francisco de Paula Canalejas:

Sobre Francisco de Paula Canalejas en el Proyecto Filosofía en español:

Textos de Francisco de Paula Canalejas en el Proyecto Filosofía en español:

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